CIAC Perú

Codicia voraz

(Foto: Fabiola Granda)
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Durante la pandemia, los bancos se convirtieron en los peores enemigos de sus clientes. Se resistieron a congelar deudas y, cuando no pudieron detener la presión pública, aceptaron la refinanciación, pero camuflando intereses nuevos. Mientras para algunos empresarios la aparición del COVID-19 puso sus cuentas en rojo, en el Perú los dueños de las entidades bancarias vieron en la crisis sanitaria una oportunidad para aumentar sus utilidades y engordar aún más sus billeteras. Un apetito voraz que, sin duda, es uno de los ejemplos más claros de cizaña en medio de la crisis sanitaria.

En el Perú hay un tetrapolio bancario: el BCP, Interbank, Scotiabank y BBVA concentran el 85% del sector. Es decir, son los dueños del negocio. En el 2019 los quince bancos que operan en el país tuvieron utilidades netas por S/ 9 082 millones, según información de la Superintendencia de Banca, Seguros y AFP (SBS). La millonada de dinero equivale a casi al presupuesto anual que el Estado destina al sector Salud. Y de todos, la entidad financiera que más dinero se embolsó fue el BCP, que consiguió utilidades por S/ 3 622 millones. Sí, el mismo banco, cuyos accionistas principales confesaron ante el Ministerio Público que financiaban por lo bajo candidaturas presidenciales.

Luis Olivares León es un joven trujillano que, junto a su madre Gladys, sacó en agosto de 2019 un préstamo de S/ 20 000 a Mi Banco, una de las financieras del BCP. El crédito fue a 24 meses y con cuotas de S/ 1050. Luis y su madre son comerciantes del Mercado La Esperanza y, hasta que llegó la pandemia y la cuarentena general, pagaban puntualmente el préstamo. En mayo no tuvieron ingresos y se vieron obligados a solicitar a Mi Banco el congelamiento de la deuda. La financiera aceptó y les dio una moratoria de tres meses. “Pensábamos que no nos iban a cobrar más, pero luego de aceptar el congelamiento, nos cobraron un interés adicional de S/ 1650. Es decir, estaban cobrando 550 soles más por cada mes que no pagamos”, explica Luis.

Enterarse de la nueva deuda que había contraído, hizo que la señora Gladys caiga enferma y se le complique la hipertensión que padecía. Su hijo Luis intentó hacer entender del cobro excesivo a los ejecutivos de Mi Banco, pero toda locución fue en vano. La nueva deuda ya estaba contraída y debían pagarla, caso contrario serían reportados a una central de riesgos. El caso de Luis Olivares y de su madre es el mismo de miles de peruanos que fueron timados por los bancos bajo el pretexto del “congelamiento” o el “refinanciamiento” de deudas.

La indolencia de los bancos en medio de la pandemia hizo que, en julio y agosto, un grupo de ciudadanos se organicen y hagan un cacerolazo. Así se creó la Asociación de Deudores, presidida por Tino Santander. “Nosotros no queremos dejar de pagar nuestras deudas, solo queremos facilidades que les han dado las grandes empresas. Abajo la banca terrorista. Tenemos que cambiar el modelo, el libre mercado no puede ser la máscara para que los bancos hagan lo que quieran”, sostiene Santander.

En el Perú ser cliente de un banco es aceptar la dictadura de los intereses altos y las rentabilidades diminutas. Según los reportes de la SBS de octubre 2020, el interés promedio anual de una tarjeta de crédito clásica del BBVA es 130%, de BCP 113.9%, de Interbank 105% y del Scotiabank 103%. ¿Eso se condice con la rentabilidad que pagan los bancos a sus ahorristas? No. Según la SBS, el banco Falabella es el que mejor paga: 2.5% en cuentas de ahorros soles con cobro de manteamiento. Los integrantes del tetrapolio, mientras tanto, están en: Interbank 0.5%, Scotiabank 0.25%, BBVA 0.13% y el BCP -9.48%.

En la crisis sanitaria aparecieron en el Congreso numerosos proyectos de ley que buscaban dar un poco de oxígeno financiero a las familias con deudas bancarias. Ninguna vio la luz hasta octubre. La otra cara a esas iniciativas fue Reactiva Perú, programa creado por el gobierno de Martín Vizcarra para inyectar liquidez en las empresas y, así, evitar que quiebren y despidan trabajadores. El programa era atractivo para cualquier empresario: 60.000 millones de soles para ser repartidos en préstamos a una tasa máxima de 3.6%. ¿Qué hicieron los bancos? Priorizaron a sus clientes, a las empresas de su mismo grupo económico e inyectaron dinero a las grandes corporaciones.

Interbank fue el ejemplo más claro de cómo los bancos desvirtuaron la finalidad para la cual se creó Reactiva Perú. Carlos Rodríguez Pastor, con una fortuna ascendente a US$ 4 200 millones, es el dueño de Interbank y las empresas que tiene recibieron S/ 152 millones en las condiciones muy favorables que tenía el programa. Los bancos eran los filtros para los préstamos de Reactiva, pero se quedaron de brazos cruzados. Entregaron dinero, por ejemplo, a empresas vinculadas en el caso de corrupción Lava Jato y a investigadas por la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF).

La ayuda para los clientes bancarios por parte del Congreso, el Gobierno y las entidades financieras llegó recién el 3 de octubre, al séptimo mes de la pandemia. Ese día se aprobó una norma para que las personas con deudas menores a S/ 10 000 puedan reprogramar sus acreencias hasta por seis meses y bajando hasta el interés hasta en un 25%. La medida es del lobo, un pelo. El trujillano Luis Olivares y su madre, por ejemplo, no pueden acogerse a ese beneficio. Bien decía el dramaturgo Bertolt Brecht: “Robar un banco es delito, pero más delito es fundarlo”.

Por: Eloy Marchán


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