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El despertar de la Generación del Bicentenario

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La semana del 9 al 17 de noviembre del 2020 será recordada como la jornada en que, a puertas del Bicentenario de vida republicana, el Perú tuvo tres presidentes. No solo eso. También —y, sobre todo— será enmarcada como la semana en que apareció un espíritu democratizador, liderado por jóvenes que coordinaban vía redes sociales, que salvó al Perú de un gobierno autoritario. Esos jóvenes, que rondaban entre 16 y 30 años, han sido bautizados como la Generación del Bicentenario. Y ya han dejado a dos héroes: Inti Sotelo Camargo y Bryan Pintado Sánchez, quienes fallecieron por la represión policial ordenada por el gobierno de Manuel Merino.

Se suele decir que existe la realidad, la ficción y el Perú. Y es que los fortunios —e infortunios— que ocurren en estas latitudes han superado, ciertamente, al realismo mágico literario. En el 2020 el Perú afrontó una crisis sanitaria, producida por el COVID-19, que resultó ser la más mortal del siglo. La pandemia —y la cuarentena general— arrastró la economía peruana a una contracción que en el segundo trimestre del 2020 llegó a -30.2%. El desempleo, por su parte, alcanzó niveles extremos: entre abril y agosto 6.7 millones de peruanos se quedaron sin trabajo. El panorama sombrío que vivió el país por la pandemia, sin embargo, no detuvo la otra crisis peruana, la que ya lleva varias décadas sin solución: la política.

30 de septiembre del 2019. El presidente Martín Vizcarra, luego de dos negativas de confianza al gabinete, cerró el Congreso. Muchos pensaron que era el final al enfrentamiento Ejecutivo y Legislativo que comenzó el 5 de junio del 2016, cuando Keiko Fujimori perdió las elecciones presidenciales frente a Pedro Pablo Kuczynski. Fujimori había pasado a la segunda vuelta con casi el doble de votos que su contrincante, con lo cual, con 73 parlamentarios, ya se había asegurado el control del Congreso. Luego de perder la elección, la misión que Fujimori le dio a parlamentarios fue una sola: derrocar a Kuczynski. 

La victoria de Kuczynski, al igual que las protestas de noviembre del 2020, fue uno de esos vientos democráticos que de vez en cuando pasan por el Perú. Y es que un gobierno de Keiko Fujimori significaba el retorno a Palacio de Gobierno de la autocracia que encarnó su padre Alberto entre 1990 y 2000. Fujimori sacó a Kuczynski de la Presidencia el 21 de marzo del 2018 y el vicepresidente Martín Vizcarra tomó la posta. Vizcarra y el fujimorismo tuvieron una convivencia de unos pocos meses, que se quebró en julio de ese año. La telenovela de la política peruana pasó a ser desde ese momento: amenazas de vacancia presidencial contra Vizcarra y advertencias de cierre del Congreso. Lo segundo fue lo que llegó primero.

26 de enero del 2020. Los resultados de las elecciones parlamentarias extraordinarias poscierre del Congreso trajeron más de una sorpresa. Acción Popular, un partido que se creía casi extinto, lideró la votación y consiguió 25 escaños. El fujimorismo, pese a todo lo que hizo con Kuczynski y Vizcarra, alcanzó 15 congresistas. El Frepap, un partido teocrático, logró el mismo número de representantes. Y Unión Por el Perú, el partido de Antauro Humala —preso desde el 2005 por el Andahuaylazo— logró 13 parlamentarios. El cierre del Congreso le dio a Vizcarra una aprobación de 79%, pero el presidente no quiso presentar una lista parlamentaria propia.

El día después de la muerte de Inti Sotelo y Bryan Pintado. (Foto: Fabiola Granda)

Manuel Merino era un político poco conocido cuando, el 16 de marzo del 2020, fue elegido presidente del Congreso. Los resultados de las elecciones extraordinarias trajeron nuevos rostros. Merino, quien había sido congresista en dos periodos anteriores, era el de más experiencia y, por eso, asumió la jefatura del Legislativo. Con él, la repartición parlamentaria no demoró en aparecer. Alianza Para el Progreso, el partido del candidato presidencial César Acuña que controla cuatro gobiernos regionales y 235 alcaldías distritales, tomó la comisión de Presupuesto, donde colocó a Humberto Acuña, quien había llegado al Parlamento afrontando 33 investigaciones fiscales.

Merino, asimismo, dio la presidencia de la comisión de Fiscalización a Édgar Alarcón, congresista de UPP que había sido contralor general y que, en el 2017, fue retirado del cargo en medio de investigaciones de lavado de activos y supuestos actos de corrupción. A cargo de la comisión de Inteligencia, que tiene acceso a información sensible del Estado, quedó la fujimorista Martha Chávez, recordada por soltar la frase de que los estudiantes asesinados por el Grupo Colina “se autosecuestraron”. La comisión de Defensa recayó en manos de Daniel Urresti, un exmilitar que llegó al Parlamento en medio de un juicio donde él era el acusado de asesinar al periodista Hugo Bustíos.

18 de septiembre del 2020. El Congreso votó el pedido de vacancia para Martín Vizcarra. Una semana antes, en el pleno del Congreso, el parlamentario Édgar Alarcón había difundido tres audios donde se escuchaba a Vizcarra hacer coordinaciones en Palacio de Gobierno con tres integrantes de su círculo más cercano sobre cómo afrontar las investigaciones por las contrataciones del cantante Richard Cisneros, conocido como “Richard Swing”. Los cobros de Cisneros sumaban S/ 175 mil, un monto relativamente menor en el sistema estatal, pero cuyo escándalo creció debido a las mentiras de Vizcarra de que no conocía al artista.

La justificación del Congreso para vacar a Vizcarra fue el artículo 113 de la Constitución, donde se dice que una de las razones para sacar a un presidente es su “incapacidad moral permanente”. El artículo, hasta antes del 2016, cuando el fujimorismo tomó el Legislativo, había pasado casi desapercibido. Keiko Fujimori y sus congresistas lo utilizaron dos veces contra Kuczynski. La primera fue fallida porque no alcanzaron los votos y la segunda no se concretó debido a Kuczynski, envuelto en un escándalo de compra de votos a congresistas y denuncias por tener contratos escondidos con la constructora a Odebrecht, renunció antes de que lo vaquen. La situación ahora era completamente distinta: ya no era la venganza del fujimorismo por la derrota el 2016 y el presidente, a diferencia de Kuczynski, gozaba de un alto respaldo ciudadano.

¿Por qué el Congreso quería vacar a Martín Vizcarra en circunstancia de la mayor crisis sanitaria del siglo? Había una sumatoria de intereses particulares: Manuel Merino y Acción Popular quería tomar la presidencia de la República, Édgar Alarcón vengarse por su destitución como contralor, las bancadas de APP y Podemos tirarse abajo la Reforma Universitaria, y el Frepap y el Frente Amplio buscaban que se dicten más medidas populistas que iban en contra de la salud fiscal del país. 

Todas las bancadas argumentaban, además, como punto en común que la gestión de Vizcarra frente a la pandemia del COVID-19 había sido desastrosa. La vacancia contra Vizcarra no prosperó. Solo se consiguieron 32 de los 87 votos necesarios. Los desembarcos de última hora se debieron a que el portal IDL-Reporteros develó que, en el transcurso del debate por la vacancia, Manuel Merino había llamado a los jefes de las Fuerzas Armadas para pedir su apoyo.

9 de noviembre del 2020. El segundo intento de vacancia también estaba condenado al fracaso, pero hubo un factor que cambió el destino del presidente Martín Vizcarra (y del país). En su defensa oral, Vizcarra dijo “se hizo público que 68 congresistas tiene procesos en investigación. ¿Tendrán que dejar su cargo por ello?” y despertó la furia de gran parte de los presentes en el Hemiciclo del Congreso. La referencia de Vizcarra era a una investigación del portal El Foco, divulgada días previos, que daba cuenta que 68 parlamentarios venían afrontando investigaciones en el Ministerio Público por delitos que iban desde homicidio hasta lavado de activos.

En este segundo pedido de vacancia ya no se le imputaba a Vizcarra obstruir las investigaciones del caso Richard Cisneros, sino el argumento de “incapacidad moral permanente” era porque se habían hecho público testimonios de cinco colaboradores eficaces que daban cuenta de pago de coimas al presidente. Los que acusaban a Vizcarra eran empresarios, quienes afirmaban que, a cambio de dos obras públicas, le entregaron 3.6 millones en sobornos cuando era presidente regional de Moquegua. La información contra Vizcarra había sido recogida por el Equipo Especial, el cuerpo de élite de fiscales que fue creado en el 2017 para investigar el megacaso Lava Jato.

Al promediar las 7 y 15 de la noche, y con 105 votos a favor, la vacancia de Vizcarra fue aprobada por el Congreso. Una hora después Vizcarra dio una conferencia de prensa aceptando la decisión. Todas las bancadas, a excepción del Partido Morado, habían votado a favor. APP y Somos Perú, cuyos líderes se habían manifestado en contra de sacar a Vizcarra, fueron los que cambiaron el eje de la balanza. A los miembros de esos grupos parlamentarios les dolió que Vizcarra recordara sus antecedentes en el Ministerio Público: 14 de los 22 congresistas de APP tenían expedientes fiscales, y 6 de los 11 integrantes de Somos Perú estaban en la misma situación legal. La vacancia de Vizcarra y la salida de Kuczynski tienen un símil: la política fue usada —una vez más— como arma de venganza.

9 de noviembre: presidente Martín Vizcarra minutos antes de ingresar al Parlamento para presentar su defensa oral ante pedido de vacancia. (Foto: Fabiola Granda)

10 de noviembre del 2020. Manuel Merino juró como nuevo presidente de la República. La asunción no fue muy celebrada. El grueso de la población, como se supo después en una encuesta nacional del Instituto de Estudios Peruanos (91%), estaba en contra de la vacancia de Vizcarra. La llegada de Merino a Palacio de Gobierno hizo que ese mismo día cientos de manifestantes salieron a las calles a protestar. “Merino no es mi presidente” y “Merino no me representa” se leyó en las improvisadas pancartas. La Policía Nacional detuvo ese día a 16 manifestantes.

Al día siguiente, Merino nombró presidente del Consejo de Ministros al Ántero Flores-Aráoz, un político conservador. Muchos creyeron que era una provocación. El estudio de abogados de Flores-Aráoz había sido abogado de varias universidades que se quedaron sin licenciamiento debido a la Reforma Universitaria. En sus primeras entrevistas, Flores-Aráoz dijo sobre las protestas: “Quiero comprender que algo les fastidia, pero no sé qué”. En el 2016, Ántero Flores-Aráoz había sido candidato a la Presidencia y sacó 0.46% de los votos.

Por la noche del 11 de noviembre se conocieron los nombres de los ministros de Gabinete Flores-Aráoz. La noticia hizo que se escucharan cacerolazos en todo el país. Para el día siguiente, justo cuando juramentaba el Gabinete de Flores-Aráoz, se programó la Primera Marcha Nacional. La convocatoria había sido hecha por jóvenes en sus distintas redes sociales.

12 de noviembre del 2020. La Plaza San Martín se llenó de manifestantes antes de la hora acordada para la marcha. Con mascarillas, protectores faciales y pancartas, la voz de los protestantes era una sola: “Fuera Merino”. Los pronunciamientos de los ciudadanos también eran contra los congresistas, pero ninguno en respaldo del vacado Martín Vizcarra. El destituido presidente, con la información fiscal que se hacia pública, había comenzado a perder respaldo. Tres semanas después Vizcarra, prácticamente, terminó confesando que sí existían razones para dudar de él: decidió postular al Congreso para el 2021 por Somos Perú y conseguir, así, la inmunidad parlamentaria que lo proteja de las investigaciones fiscales.

La Primera Marcha Nacional fue multitudinaria, y se replicó en diferentes distritos y regionales del Perú. Ningún medio de comunicación se atrevió a dar una cifra de los peruanos que salieron a las calles, pero, de lejos, fue la que más gente reunió desde la Marcha de los Cuatro Cuyos (2000), que marcó el inicio del fin de la autocracia de Alberto Fujimori. La Policía infiltró agentes de la Unidad de Inteligencia Táctica Operativa Urbana (Terna) para hacer detenciones de los manifestantes. Los Terna eran usados para la lucha contra la delincuencia común, pero el gobierno de Merino recurrió a ellos para hacer arrestos de jóvenes.

Entrada la noche, hubo enfrentamientos entre la Policía y los manifestantes. La Policía prácticamente llenó el Centro de Lima de bombas lacrimógenas y, sin temor alguno, disparó perdigones con canicas y balines de goma contra los protestantes. La ráfaga dejó a cientos de heridos, incluidos periodistas que cubrían la marcha.

14 de noviembre del 2020. La Segunda Marcha Nacional reunió a más personas. La noche anterior, el país nuevamente había retumbado a punta de cacerolazos de familias que pedían la salida de Manuel Merino. La organización de los manifestantes fue mejor que la jornada anterior: estudiantes de Medicina fueron como brigadistas para ayudar a los heridos, muchos jóvenes llevaron baldes con bicarbonato para apagar las bombas lacrimógenas y otros cargaron a la marcha láseres para apuntar a los policías que lanzaron perdigones.

Mural instalado en las afueras de la Corte Superior de Lima en homenaje a Inti y Bryan, los rostros de la Generación del Bicentenario. (Foto: Fabiola Granda)

En el cruce de las avenidas Abancay y Nicolás de Piérola, al promediar las ocho de la noche, se produjo el primer enfrentamiento entre jóvenes y policías. Fue una lucha desigual. Los policías dispararon, sin miramientos, bombardas, perdigones, gas lacrimógeno. Los jóvenes resistieron con sus improvisadas armaduras, pero con la Bandera Nacional en frente. La escena hizo recordar la histórica foto de Joe Rosenthal de militares norteamericanos alzando la bandera de su país en Iwo Jima (Japón), durante la Segunda Guerra Mundial. “Perú, te quiero, por eso te defiendo”, cantaron los jóvenes mientras resistían el embate policial.

Diez de los perdigones que disparó la Policía en esa zona del enfrentamiento cayeron en el cuerpo de Bryan Pintado, quien estaba en la primera línea. Bryan no resistió y cayó tumbado al suelo sangrando por la cabeza. Cuatros de esos disparos le perforaron el cráneo. Fue auxiliado por los Brigadistas, pero no resistió y murió en la misma pista donde decidió defender la democracia de su país. Eran las ocho y cuarenta y cinco de la noche. El cuerpo de Bryan fue llevado al hospital Almenara para que ahí certifiquen su defunción. Bryan fue el primer héroe de la Generación del Bicentenario.

A trescientos metros del lugar donde falleció Bryan, en el cruce de la avenida Nicolás de Piérola con jirón Lampa, Inti Sotelo apagaba bombas lacrimógenas que lanzaba la Policía contra los manifestantes. A las nueve y cuarenta y cinco de la noche, según ha podido documentar el portal IDL-Reporteros, los policías lanzaron una ráfaga de perdigones y cuatro cayeron a Inti, uno de ellos perforó su corazón. Inti cayó desplomado al asfalto y fue llevado en una camioneta al Hospital Grau. Llegó con vida, pero falleció a los minutos. El gobierno de Manuel Merino se había manchado las manos de sangre por segunda vez en un mismo día.

15 de noviembre del 2020. Muy pocos peruanos durmieron temprano esa madrugada. Los canales de televisión y las radios hicieron cobertura ininterrumpida. Con las muertes confirmadas de Bryan e Inti, el gobierno de Merino comenzó a desmoronarse como un castillo de naipes. Los ministros empezaron a renunciar y el premier Ántero Flores-Aráoz ni se daba por enteraba, según confesó en televisión nacional. Merino no dio la cara hasta muchas horas después. 

Mientras tanto, en el Congreso, muchos parlamentarios que apoyaron la llegada de Merino a Palacio de Gobierno comenzaron a pedir su renuncia. Inclusive, Luis Valdez, quien había asumido la jefatura del Congreso, dijo que, si Merino no renunciaba antes de que acabara el día, ellos lo iban a vacar. Merino renunció alrededor del mediodía, y lo hizo con un mensaje grabado.

16 de noviembre del 2020. Con la renuncia de todos los miembros de la Mesa Directiva del Congreso, el Perú estuvo doce horas sin presidente de la República ni presidente del Parlamento. Es decir, ninguna autoridad electa con voto popular estaba al mando del país. Luego de una serie de negociaciones, los congresistas escogieron a Francisco Sagasti como titular del Parlamento y, en consecuencia, presidente, según dicta la Constitución en situaciones de crisis. Sagasti había votado en contra de la vacancia de Vizcarra y era uno de los congresistas con mejores pergaminos.

Sagasti juró al cargo de presidente de la República al día siguiente y, en su mensaje a la Nación, recitó un poema de César Vallejo, el vate peruano más inmortal y universal. La asunción de Sagasti significó el fin de la semana más convulsionada que tuvo el Perú en las últimas dos décadas, y que, por si fuera poco, se produjo en plena pandemia del COVID-19. La democracia peruana fue salvada por el despertar de una nueva generación de peruanos.

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