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El multilateralismo ante el dilema del nuevo orden mundial

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La pandemia por la que atravesamos ha tenido un fuerte impacto a nivel nacional e internacional, desde las vidas humanas perdidas, hasta la caída económica de forma vertiginosa. No hay duda de que estos factores se han visto reflejados en la política global y vienen generando diversas interrogantes. Entre ellas, si tendremos un cambio en el orden mundial o si el multilateralismo y la globalización han sido fenómenos claves en la expansión de la COVID-19 y si estos se renovarán o darán a luz a una innovadora era. Son, desde luego, , escenarios desafiantes que iremos abordando a lo largo del presente artículo.

La dimensión de la pandemia, ha sido bien calibrada por el exsecretario de Estado y diplomático de los Estados Unidos, Henry Kissinger, en su columna para The Wall Street Journal: “Ningún país, ni siquiera Estados Unidos, puede en un esfuerzo puramente nacional superar el virus. Abordar las necesidades del momento debe, en última instancia, combinarse con visión y programas de colaboración global. Si no podemos hacer ambas cosas a la vez, enfrentaremos lo peor de cada una”. El fuerte impacto también se refleja en las economías a nivel mundial, por más fortalezas macroeconómicas, reservas acumuladas y sanas políticas fiscales que detenten. La crisis económica es aún más compleja: la contracción desatada por el coronavirus es, en su velocidad y escala, diferente a todo lo que se haya conocido en la historia, incluso teniendo en consideración medidas necesarias de salud pública, como el distanciamiento social y el cierre de escuelas y negocios durante los  exigentes periodos de cuarentena.

El rol de la OMS en la crisis sanitaria

La crisis sanitaria ha generado impacto y      también parálisis durante muchos meses al mundo. Con cuarentenas obligatorias o voluntarias, cierres de fronteras, pérdidas económicas y comerciales, pero también con el cuestionamiento al multilateralismo y a importantes organizaciones internacionales, como es el caso de la  avezada Organización Mundial de la Salud (OMS), organismo de la Organismo de las Naciones Unidas (ONU), que cuenta con la singularidad de facilitar políticas públicas destinadas a prevenir, incentivar y coadyuvar en la salud del planeta. Nacida en el seno del Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas (ECOSOC) orienta y promueve, consensuadamente, estándares sobre la salud pública desde hace más de 70 años. Ha sabido bregar contra demoledoras pestes como la gripe asiática de 1957, la gripe de Hong Kong de 1968, la gripe rusa de 1977, la gripe aviar del 2003, la gripe A (H1N1) del 2009, el ébola del año 2014, entre otros.

Por lo antes comentando, podemos señalar que la OMS siempre ha sido fundamental en la lucha contra los problemas sanitarios globales más importantes, sobre todo en los países en desarrollo y en contextos de crisis. Pero, además, sus directrices y normas sanitarias, han sido tomadas en cuenta con mucha seriedad y rigurosidad científica. Sin embargo, durante estos semestres de pandemia, ha surgido una drástica tendencia a restarle credibilidad a la información brindada por esta organización. Asimismo, muchos países han empezado a cuestionar su rol, tachándola de poco acertada y efectiva considerando que producto de ello el virus logró propagarse en todos los continentes, elevando su nivel de mortalidad.

El mandatario estadounidense, Donald Trump, ha dirigido duras críticas hacia la OMS y  su director, Tedros Adhanom Ghebreyesus, para luego anunciar su retiro de este organismo el pasado mes de julio, aunque dicha decisión no se haría efectiva hasta el próximo 6 de julio de 2021. Lo cierto es que la OMS en su Tratado Constitutivo no recoge, en ninguno de sus artículos, elementos relativos al proceso de salida de un país miembro. En el caso de Estados Unidos, con su ingreso en 1948, impuso ciertas condiciones ante su posible retirada, entre estas destacan, el aviso previo de su decisión con un año de antelación y el cumplimiento total con el pago de sus obligaciones financieras. Al 30 de junio, Estados Unidos debía a la OMS cerca de 200 millones de dólares.

No obstante, también cabe resaltar que Estados Unidos era uno de los países que más dinero aportaba a la OMS, con una contribución que oscila entre 400 y 500 millones de dólares anuales. Aproximadamente el 15% del presupuesto total del organismo. Lo que constituye un severo golpe a la entidad, que luego de este anuncio viene estrechando relaciones con China. El presidente chino Xi Jinping, prometió en la última Asamblea Mundial de la OMS, donar 2 000 millones dólares como respuesta a la emergencia sanitaria, evidenciando así su interés de ocupar el vacío dejado por los Estados Unidos..

Como ya hemos expuesto con anterioridad, la labor de la OMS es presentar a los gobiernos políticas sanitarias para que puedan afrontar conjuntamente los problemas mundiales, como el que vivimos. Por eso en esta pandemia su rol resulta esencial, pero no determinante, ya que los gobiernos son los que deben materializar estas recomendaciones y políticas brindadas. Sumado a ello, la existencia de responsabilidad internacional de este organismo podrá determinarse una vez concluída la pandemia con una investigación minuciosa, donde se pueda clarificar si existió o no incumplimiento del Reglamento Sanitario Internacional. En cuestiones menos legales, la realidad es que la imagen de la OMS está bastante afectada porque las respuestas brindadas han sido ineficientes y a veces contradictorias, sin embargo es parte de la pandemia que cada día evoluciona y requiere nuevos tratamientos, medidas y recomendaciones.

Por su lado la Organización Panamericana de la Salud (OPS), oficina regional para las Américas de la OMS, señaló, de forma acertada, hace varios meses, que el contagio por coronavirus iba a escalar rápidamente en América, lo cual finalmente sucedió. El gerente de la OPS para la COVID-19, Sylvain Aldighieri, aseguró en el mes de junio que la región latinoamericana alberga un mosaico de pueblos y de tendencias epidemiológicas, que se ha evidenciado en la manera de hacer frente al fenómeno del coronavirus. Así también, valoró positivamente las experiencias de Costa Rica y el grupo de islas del Caribe oriental, que no elevaron su número de contagios.

El impacto de la COVID-19 en la economía mundial 

Según ha señalado la Secretaría Ejecutiva del CEPAL, al analizar el reflejo de la abrumadora COVID-19 en América Latina y el Caribe, nuestra zona se verá aquejada negativamente, ya que consideran una contracción del 9.1% del PBI regional. Se trata de la peor contracción de la actividad económica desde que se tienen registros y se traducirá en una caída del PBI per cápita regional hasta niveles del 2010, con un desplome de 9.9%. Además de un aumento de la tasa de desempleo de hasta un 13.5%. Los países más afectados serán Venezuela (-26%), Perú (-13%), Argentina (-10.5%), Brasil (-9.2%), México (-9%), Ecuador (-9%), El Salvador (-8.6%), Nicaragua (-8.3%), Cuba (-8%) y Chile (-7.9%).

Como es evidente, el potencial escenario de 35 millones de nuevos pobres y 22.6 millones en situación de extrema pobreza perjudican a los sectores más vulnerables, por lo que es indispensable armonizar y efectivizar la cooperación global y hemisférica; teniendo en cuenta los valores de nuestra civilización y el andamiaje jurídico vigente en el planeta. 

Una de las primeras reacciones para mitigar este previsible panorama negativo lo constituye el reciente anuncio del Banco de Desarrollo de América Latina (CAF), que ha habilitado a sus accionistas de una línea de crédito de emergencia de naturaleza contracíclica y de inmediata disponibilidad por hasta 2 500 millones de dólares para proteger a la población y sus economías ante la impetuosa propagación de la COVID-19. A ello se suma una línea de crédito de contingente por hasta 50 millones de dólares por país para atención directa de la salud pública y también se cuenta, con fines similares, recursos de cooperación técnica no reembolsable por hasta 400 000 dólares por cada país miembro de la CAF.

No hay que ser muy zahorí para constatar que la recesión mundial se ha hecho evidente, por lo que la prognosis de la CEPAL y la iniciativa de la CAF, señalan la hoja de ruta inicial para afrontar la actual crisis. 

En efecto, según ha señalado el Fondo Monetario Internacional, se prevé la caída del PBI global en un 4,9%, corrigiendo en -1.9 puntos porcentuales el pronóstico de abril. En 2021 se vislumbra una recuperación más lenta por un daño mayor de los hogares más pobres. Según esta organización, aún es la mayor caída desde la Segunda Guerra Mundial. Sumado a ello, el Banco Mundial, pronostica que América Latina experimentará una caída del 7.2% del PBI y nuestro país caerá en un 12%, lo que constituirá una recesión mucho más profunda que las causadas por la crisis financiera mundial de 2008 y la crisis de la deuda latinoamericana de la década de 1980. Se prevé que la actividad económica disminuirá a su punto más bajo durante el segundo trimestre del año, cuando las medidas de mitigación se encuentren en sus niveles más altos. Pero hay razones positivas de un rebote en 2021, cuando la normalización de las condiciones internas y mundiales hacen pronosticar una recuperación de la economía regional en un 2.8 %. El Banco Mundial explicó que la pandemia está provocando un gran shock de oferta, por lo que se pondera que la demanda de China y los países del G7 decaiga abruptamente, impactando a los países exportadores de materias primas en América del Sur y a los países exportadores de servicios y bienes industriales en América Central y el Caribe.

Por su parte, el último Informe Macroeconómico del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) señala que América Latina y el Caribe sufrirán una fuerte reducción de su crecimiento económico de 4.6% del PBI durante el 2020, debido al golpe letal de la pandemia. Detalla también que el daño económico se extenderá en los años 2021 y 2022, a menos que los gobiernos implementen programas enfocados para amortiguar los impactos.

El informe que el BID realizó sobre todos los países de América, señala que el Perú “tras crecer 4% en 2018, el 2019 cerró con un crecimiento de apenas el 2.2%”. Esta ralentización de la actividad se debe a choques transitorios de oferta en los sectores primarios, así como a un menor ritmo en la ejecución de la inversión pública, en parte asociado al inicio de gestión de nuevas autoridades subnacionales (en el Perú, los gobiernos subnacionales se encargan de aproximadamente dos terceras partes de la inversión pública). Además, el deterioro del entorno internacional afectó sobre los volúmenes y precios de los principales productos de exportación del país. Entre nuestras principales debilidades se destacan que somos uno de los países de la región que menos gasta en salud; aproximadamente el 20% de la población no está cubierta por ningún seguro médico y hay serias deficiencias en la infraestructura hospitalaria (1.6 camas de hospital por mil habitantes). A ello se suma el problema de la alta informalidad (> 70% de la PEA) y la precariedad laboral, que vienen obstaculizando el mantenimiento del aislamiento social.

(…)

* Lee todo el contenido del artículo en el libro COVID-19 Trigo y Cizaña dando click aquí.

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